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Para vivir

La hora pasa y sigo sentada en el mismo lugar, contando azulejos, oyendo los gritos desesperados  que llegan a mi; a lo lejos se oyen las camillas andar por los pasillos, el ruido del ascensor  al subir y bajar, y un extraño estrépito que no reconozco, entre tantos otros que se pierden en mi mente  distraída. Uno, dos, tres... y empiezo otra vez; mi mente no descansa un segundo. Las veinticuatro horas del día luchando para vivir aquella vida que estaba dispuesta a pagar con  ilusiones y sonrisas, con amor y sin prisa.  Las sabanas blancas, el olor a flores que me gustaría sentir, me lo imagino:  un campo lleno de rosas  y  margaritas. Pero todo sabe mal; mi respiración se agita, mi pulso se apresura por vivir.  En el reloj de arena que dibujé, la hora pasa más lento, la vida duele por cada minuto  y mi cuerpo está pagando por su lentitud.

Aquellas noches

Aquellas noches en las que he escrito en tu nombre, pensando en los deseos enloquecidos  que tenía de verte... lo he hecho sabiendo que no sucedería nada más que un desagradable desencuentro, un mar de ilusiones y cero posibilidades de estar a tu lado.  Todas aquellas noches en las que pensaba en tus ojos y en las que escribía poesía imaginando tu cuerpo y tus labios pronunciando “amor”, también imaginaba una mirada cálida que se dirigiera a mí con pasiones interminables.  Aquellas noches en las que el insomnio carcomía mi mente y me hacía cada vez más débil, provocaban en mí una potencial y siniestra amargura. Imaginaba en las noches oscuras de agonías, una silueta que me decía que el suicidio anhelaba verme. Aquella sombra, estremecida por los amoríos, añoraba verme llorar; me repetía una y otra vez que tú ya no me querías.

Un sueño

Un sueño que me toca el alma, que recorta mi vida en trozos,  en pedazos de ilusiones con sabor amargo. Un sueño que descose mi corazón sin piedad, que mata mis horas de realidad,  que destruye mi vida de cristal.  Un sueño que me deja en fragmentos, en soledad;  vacía mi alma de tu amor, me llena de pena y desilusión.    Ahora me miro al espejo y soy ajena a todo sueño  de amor, ahora ya no queda pasión. Un sueño de desilusión y desamor.  Lila Gwski 

El aire de otros

Todos los días mis ojos recaían en la misma vista. Por las mañanas, cuando apenas me levantaba, abría las ventanas y me asomaba a respirar el fresco aire que acariciaba mi piel, rozando la luz del sol en mis labios resecos por el frío de la noche anterior.  La intensidad del día parecía cegarme, mis pupilas lagrimearon por el ardor del sol, mi visión se desvanecía; mis brazos, mis piernas, mi cuerpo se disiparon por completo, y me desplomé en el suelo perdiendo fortaleza. Mi realidad se distorsionaba por la aparición de una extraña sombra que se manifestaba ante mis ojos. Ingenuamente intentaba levantarme, abrir mis párpados por completo y volver a vivir.  Cuando me di cuenta que en la dimensión del mundo en la que me encontraba, mis manos, mis piernas y mi cuerpo entero se habían convertido en cenizas, pasé a ser una nada que volaba en el aire sin rumbo fijo, siendo yo, esta vez, el aire que otros respirarían en las mañanas cuando apenas abran sus ventanas.    ...

Las olas

Las olas acarician suavemente la arena, rozando mis piernas con   su fría agua, y me detengo una vez más a contemplar e l horizonte. Me acuesto en la arena y mis ojos se  pierden en el infinito cielo estrellado, imaginando  todo y nada a la vez. Me cierro, pienso, imagino,  pero no puedo desvelarme con estas ilusiones  vanas.  Y las olas regresan, acariciando nuevamente la arena y rozando mis piernas. Me detengo una vez más, pero ya no estás a mi lado. Te imagino, te pienso, y veo cómo la vida sigue su curso, y cómo todo se desvanece en el tiempo En "Encontrarme fue poesía" - Goralewski, Dalila 

Espejo de ilusiones

Clamaban los vientos vespertinos en mi alma. Los pájaros volaban y el sonido del mar inundaba mis  oídos con su suavidad, llenando mi ser de tranquilidad. Pero, a su vez y, paradójicamente, me llenaba  de recuerdos que estremecían mi corazón.  El dos de abril partiste y mis ilusiones quedaron en el mismo lugar en donde nacieron. Me descubrí y  descubrí mis propias angustias a través del espejo de tu mirada que me desesperaba, llena de vanas  ilusiones. El seis de abril volví a verte, pero esta vez fue entre tumbas y flores marchitas, como cada  ilusión que dejaste. Ahora, las noches se tornaban más angustiosas y frías, provocando una tormenta en  mi vida. El eco de tu risa quedó en mi memoria, el reflejo de tu dulce mirada se guardó en mi alma; tus  besos se impregnaron en mí como el sol en mi piel. Y cada ilusión se vio reflejada en el espejo de mi  vida, inconsciente por la falta amor.                ...

Todas las veces

Todas las veces que estuvimos mirándonos frente a frente, todas las veces que nos cruzamos y no fuimos capaces de parar, todos los días, cada segundo, cada minuto, cada hora.  Cada vez que nos deteníamos en esa mirada eterna y profunda, tan intensa y delicada, tan frágil; duraba segundos en los pasillos de ilusión, en esa entrada de cristal con globos rojos alrededor.  Cada día se hacía más difícil, era más complicado mirar el reloj y apurar la hora de verte. Era más difícil borrar el sentimiento, eliminar los pensamientos, borrar cada recuerdo; no volver a mirar el reloj, cambiar de pasillo, borrar la memoria.                                                                            Lila Gwski