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Encontrarme fue poesía: Fragmento del prólogo

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Tal vez no sería escritora si no te tuviera en mi vida. Tal vez no sabría el valor del amor, de cada desliz y de cada letra. Tal vez seguiría fragmentada, rota, descocida, sin algo que me saque a flote y me vuelva a construir. Necesitaba algo que me devolviera a la vida, y ese algo fueron las letras. Quizás mis páginas quedarían en blanco por una eternidad, o mojadas por el vacío llanto que recorre mis mejillas cuando no puedo sacar todo lo que tengo dentro. Porque, “cuando se muere la ilusión, se termina la vida”, y vos siempre fuiste mi ilusión. Y sí, quizás sigo atada a eso; pero considerando que nadie saldrá vivo de esta vida, es mejor eso a no tener nada. "Encontrarme fue poesía" - Goralewski, Dalila                             

Crimen en mi despedida.

Desperté tirada en el balcón con una botella de vino rota en la mano, cubierta de sangre, me resultaba difícil reconocer el lugar, no comprendía lo que había sucedido. Solo recuerdo que la pasada noche estaba con John bebiendo unas copas en el sillón de mi casa, charlando sobre nosotros, acerca de los planes que ya no teníamos. Cuando de repente, oímos un fragor extraño, todo se volvió oscuro, ya nada tenía sabor, ni el licor que se me había derramado en la falda. Cuando desperté, me encontraba sola, no lograba entender la situación. Otra vez oí un alarido maniático, era como un grito de dolor que persistía, pero que no venía de la sala, sino que, de una de las habitaciones. Lo sabía, podía reconocer cada uno de los estrépitos que escuchaba, y ése era uno de los más tenebrosos. Cuando me asomé a la entrada, veo un cuerpo empapado de sangre en la parte de atrás del sillón, grité desgarradamente, mis lágrimas caían, mi ser rogaba que no sea John quien estuviese allí, muerto, porque así p...

La chica del ayer

Mientras recorría el muelle, miraba como los pájaros volaban, oía sus cantos tan peculiares, me encantaba. Caminaba recordando mi infancia, cuando estaba con mi padre, él es un hombre un tanto especial, no le gusta la ciudad, ama el muelle tanto como yo, no he logrado heredar el amor al campo, pero eso de adorar el embarcadero está en mí. Mi madre, odiaba pasear y escuchar a los pájaros, pero cuando se casó con él, era rutina salir los domingos por la mañana temprano a disfrutar del paseo por la costa mientras tomábamos un café, de esos que vendían en la Bahía, siempre comprábamos allí, al dueño le encantaba escuchar las historias de mi padre, a veces, pasábamos varias horas charlando con él y mirando hacia la ensenada, donde todo era tan perfecto y pacífico, parecía que los problemas desaparecían mágicamente y todo se tornaba color de rosas, o como decía mi padre; “todo se volvía color mar”.  Pero, en fin, éstos sólo eran recuerdos de un corazón adolorido y de una mente intra...